11 de agosto de 2008

España 2.0

Es como un mantra malo. Periódicamente, estudios y análisis dicen que, al ritmo actual, las pensiones de jubilación tienen los días contados, porque la esperanza de vida está aumentando por lo que la pasta acumulada no va a dar para pagar las pensiones de toda esa ciudadanía jubilada. Uno de los últimos estudios sobre este tema lo publicó La Caixa en su Informe Mensual de Noviembre (ahora está más de moda publicar sobre otros temas), y pueden verlo aquí: http://www.lacaixa.comunicacions.com/se/ieimon.php?idioma=esp&cap=Coyuntura+espa%F1ola&sbc=Los+presupuestos+de+2050+son+de+color+gris.

Las soluciones que al respecto se dan cuando se aborda este tema pueden agruparse en dos apartados. 1) retrasar la edad de jubilación y, 2) medio obligar a que la población se dote de planes de pensiones. De factura metodológica perfecta, estas soluciones pecan, pienso, de dos defectos de base.

Por un lado, si se retrasa la edad de jubilación, teniendo en cuenta que la productividad tiende a aumentar -y mucho va a aumentar en las próximas décadas-, ¿dónde va a ocuparse la oferta de trabajo formada por las jóvenes y los jóvenes que se vayan incorporando al mercado laboral teniendo en cuenta la necesidad decreciente de factor trabajo?. Por otro, si la tendencia de la demanda de trabajo es decreciente y la crecientemente más sofisticada, más barata y más fácil de utilizar tecnología precisa menos factor trabajo y, además, a un coste decreciente, lo que supone menores salarios, ¿cómo van a poder pagarse las ciudadanas y los ciudadanos los planes de pensiones con los que deben dotarse?. La cosa no es baladí: la juventud lo tiene muy claro: pregúntenle.

No cambio de tema. No hace demasiados días, un alumno ya licenciado me remitió un comentario a un texto mío publicado aquí. Al final del mismo hacía referencia a un concepto interesante: el de Reino 2.0. la cosa funciona del modo siguiente.

España es lo que es, está como está y tiene la productividad que tiene porque cuenta con la tecnología y con la capacidad científica e investigadora con la que cuenta en relación a los presupuestos que a tal fin se dedican. Bien, esa es la situación actual. La idea sería rediseñar España del mismo modo que un programa informático se rediseña a fin de cumplimentar carencias, corregir errores y mejorar comportamientos, pero cambiando la base de programación; el resultado es una versión superior del programa. Si se coge a España y se le cambia lo que no funciona, se le pone lo que falta, se quita lo malo, se ponen cosas buenas y se le da una mano de pintura, ¿qué sale?; pues una versión superior de España: España 2.0. Interesante.

Aún resuenan por valles y cañadas las palabras que el presidente del Gobierno, el Sr. José Luis Rodríguez Zapatero, pronunció el Domingo 27 de Noviembre (hace siete meses y medio: un suspiro, un universo) en la madrileña localidad de Fuenlabrada, durante la presentación de su candidatura para las próximas elecciones generales, dijo que la situación económica del reino era la envidia de muchos países. Para el anterior presidente del Gobierno no hacía falta cambiar nada en España porque España iba bien; para el actual, tampoco porque la economía española era envidiable; como contrastan estas palabras con la realidad actual, ¿verdad?; ¿o es que la realidad siempre ha sido la misma y lo que ha cambiado es la forma de presentarla.

(M. Trichet y su BCE han vuelto a chafar ilusiones: no han bajado los tipos. Me pregunto: si todo el mundo pide que los bajen y no lo hacen, ¿por qué será?. Como parto de la base que el BCE, ni desea fastidiar al personal, ni está integrado por una panda de incompetentes, he buscado una explicación que esté más allá de habitual, de lo eternamente repetido.

Hace tiempo que el BCE ha llegado a la conclusión de que lo que viene es inevitable porque es una crisis sistémica, por tanto, sabe que, haga lo que haga, lo que va a suceder, sucederá. En consecuencia los muy bien amueblados cerebros que forman el comité directivo del BCE se han dicho: teniendo en cuenta que no podemos hacer nada para evitar lo que viene, ¿qué podemos hacer?; y, pensando, pensando, llegaron a la conclusión de que podían contribuir a mantener la coherencia del sistema, lo que ayudaría a sostener la confianza en las actuales estructuras … mientras durasen, lo que no es poco; y, ¿cómo podían lograr eso?, pues enarbolando la bandera del control inflacionario como única insignia, contra viento y marea, machaconamente.

Piénsenlo. Si M. Trichet en sus apariciones a lo Batman se mostrase titubeante, si el BCE ya estuviese reduciendo los tipos; ¿qué pensarían la ciudadanía y las compañías?. Ahora, quienes berrean son los Gobiernos y las instituciones financieras, pero unos y otras son controlables por el BCE (al margen de que es fácil telefonear a un presidente de un banco o de un Gobierno que informar a 300 millones de personas). Con su postura el BCE ha conseguido que la mala sea una señora muy perversa y muy conocida: la inflación, y contra ella hay que luchar.

¿Que no va servir de nada?, se sabe; ¿que a partir de Noviembre el mensaje va a comenzar a cambiar?, es conocido; ¿que en el 2009 el BCE tendrá, como último recurso, que bajar los tipos?, ya. Pero eso será dentro de varios meses y, de momento, se gana tiempo; hoy, mañana … ya veremos. El problema es que cada vez le queda menos tiempo: por lo que no ha dicho la última vez que ha hablado el euro está bajando: ahora, malo. ¡Y hay quien dice que el dólar USA está subiendo!. ¿Por favor!.

Perlas para el recuerdo: Secretario de Estado de la Seguridad Social, Sr. Octavio Granado, hace un par de días: “(La Seguridad Social, en la actual legislatura no va a sufrir) ningún tipo de estrechura”. Sencillamente, genial.

Francia, Paris; les dije que habían sabido crear un estilo y venderlo, caro, carísimo; pero las gentes del planeta -las que pueden pagarlo, claro- lo quieren y pagan lo que se les pide. Bien. El gran problema es el enorme coste que tiene mantener esa maquina en movimiento. París es lo que es por el marco que encuadra el estilo … porque el marco es uno de los elementos definitorios del estilo: sus monumentos y edificios; y mantener eso, cuidarlo, adecentarlo, limpiarlo, es caro, muy caro, carísimo. Todo ese marco fue construido entre los siglos XVII y XVIII; en el XIX ya se construyó muchísimo menos; en la primera década del XX prácticamente nada; después, el Centro Pompidou y poco más. Mientras el mundo mundial ha venido a podido venir a comprar ese estilo, mientras la economía francesa ha generado PIB suficiente como para pagar ese mantenimiento, el cuidado se ha ido haciendo; pero el marco a cuidar es enorme y el precio a pagar creciente. Cuando la crisis emerja y lo necesario pase a ser lo único importante, ¿será verdaderamente importante lavarle la cara al edificio de la Opera Garnier?).

¡Faltan tres días para el 14A!.

Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.

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